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Especial: 50 años de la Guerra de los Seis Días – Día 5

Consecuencias de la Guerra de los Seis Días

Raymundo Hernández

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En los años que siguieron a la guerra, el gobierno laborista israelí implementó una política de colonización en los territorios que consideraba indispensables para la seguridad de su soberanía –si no de jure, sí de facto-,  que se manifestó con la creación de colonias israelíes en la Franja de Gaza, en Cisjordania, y, principalmente, a los alrededores de la ciudad de Jerusalén; así como la extensión de la legislación y la administración israelí hacia dichos territorios.  La política adoptada por el gobierno de Israel buscaba asegurar la integridad del Estado, pues aunque los árabes habían sido derrotados, esto no significaba que fueran a reconocer la derrota y otorgar el reconocimiento al Estado de Israel; por el contrario, la victoria israelí abrió la posibilidad de un nuevo conflicto con los árabes. La postura israelí estaba justificada en los hechos, pues algunos meses después de la guerra, la Unión Soviética ya había prometido a los gobiernos de Egipto y Siria nuevo armamento.

La política que aplicó el gobierno de Israel se basó en una iniciativa presentada por el ministro Yigar Allon. En el mes de julio de 1967, Yigar Allon presentó un plan para los territorios ocupados; dicho documento se conoce como el Plan Allon y proponía la incorporación de una amplia área del Valle del Jordan a territorio israelí; mientras que las zonas del Banco Occidental, con población mayoritariamente árabe, debían regresar a la soberanía jordana o dotárseles de autonomía. Este plan respondía a la necesidad de preservar la seguridad de la sociedad y la soberanía del Estado de Israel ante un eventual ataque árabe.

El gobierno laborista mostró cautela en las acciones emprendidas en la península del Sinaí y los Altos del Golán. En el Sinaí se desarrollaron algunos proyectos para la colonización del territorio, así como la creación de un puerto y el desarrollo de la industria petrolera; aunque estos proyectos se detuvieron una vez que se llegó al acuerdo de paz con el gobierno egipcio y la firma de los Acuerdos de Camp David, tras la guerra del Yom Kipur. En los Altos del Golán, como contrapeso a la comunidad árabe de siria, que se negaba a reconocer la soberanía israelí, se apoyó a la comunidad drusa que vivía en la zona.

Una consecuencia de la Guerra de los Seis Días, y una de las más controversiales hasta la fecha, es la población árabe desplazada por la guerra; en la actualidad esta problemática es denominada como el problema de los refugiados. El desarrollo de la guerra provocó que una parte considerable de la población árabe que habitaba las zonas en conflicto se trasladara hacia los países vecinos como Jordania, Líbano, Egipto y Siria; muchos otros se trasladaron a la Franja de Gaza. Aunado al problema migratorio producido por la guerra, también es menester considerar los desplazamientos poblacionales forzados: aquellos en los que el gobierno israelí intervino directamente. Los traslados forzados obedecieron a razones de seguridad interna ya que, aunque la guerra abierta entre los países árabes e Israel concluyó en los primeros días de junio, continuó desarrollándose una “guerra de desgaste”, en la que participaron organizaciones guerrilleras árabes que trataban de revertir el resultado del conflicto bélico. Cuando las acciones guerrilleras comenzaron a afectar seriamente la seguridad de la población israelí, el gobierno israelí decidió expulsar a todos aquellos árabes que se vieran involucrados o que mostraran algún apoyo a los grupos rebeldes.

Los movimientos migratorios forzados propiciaron la desestabilización demográfica de las regiones que recibieron a los refugiados pues hubo zonas en las que se concentró una amplia población; tal es el caso de la Franja de Gaza, de algunas franjas del Banco Occidental y de la frontera jordana y libanesa. Las altas concentraciones de población derivaron en problemáticas de otra índole: vivienda, trabajo, servicios públicos y de salud; así como la aglomeración poblacional.

Aunado a los problemas anteriormente señalados, hubo un auge en el movimiento de resistencia palestino encabezado por la Organización para la Liberación de Palestina, que comenzó a llevar acabo sus operaciones guerrilleras desde el reino de Jordania, lo que generó una disputa diplomática entre Jordania e Israel. Éste último exigía que el país vecino se ocupara de los grupos rebeldes que operaban en la frontera, antes de que el gobierno israelí se viera en la necesidad de intervenir directamente. El desenlace de estas eventualidades culminó con el bombardeo jordano de las poblaciones donde operaba la guerrilla palestina, acontecimiento que se conoce como el “Septiembre Negro”. Éste fue decidido por el rey Hussein I, ante el inminente derrocamiento de su gobierno por parte de la OLP.

La Guerra de los Seis Días marca un punto de inflexión en el desarrollo de las relaciones entre palestinos e israelíes y se expresa en las distintas posturas que manifiestan los grupos sociales –ya sea de apoyo o de renuencia– hacia ciertas facciones políticas. En conclusión, ha  propiciado que el conflicto palestino-israelí se vuelva aún más complejo y se ha reflejado en el sinuoso y difícil camino de las posteriores negociaciones para el proceso de paz.

 

Especial: 50 años de la Guerra de los Seis Días – Día 4

 

Consecuencias de la Guerra de los Seis Días

Raymundo Hernández

Han transcurrido cincuenta años desde la Guerra de los Seis Días y, aunque fue un conflicto bélico de corta duración, sus consecuencias se perciben hasta nuestros días. El estudio de dicho acontecimiento ha generado una amplia gama de bibliografía desde diferentes perspectivas de análisis y ha contribuido al desarrollo de un extenso debate –por demás, polémico– considerando la posición o el enfoque con que se aborde el tema. Sin embargo, la importancia de dicho suceso radica en el significado que tuvo, y que aún tiene, en el desarrollo de las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales de la población israelí y palestina.

Es necesario contextualizar la Guerra de los Seis Días desde dos perspectivas: una regional y otra internacional. En el ámbito regional, se debe considerar que el conflicto está enmarcado en la disputa entre israelíes y árabes tras la creación del Estado de Israel, y la negativa de éstos últimos para reconocer la legitimidad del nuevo estado. En el ámbito internacional, el conflicto se enmarca en el ambiente de la Guerra Fría, de las alianzas internacionales en bloques, de la querella ideológica y política entre capitalismo y socialismo, y de la lucha entre las potencias hegemónicas –Estados Unidos y la Unión Soviética– por mantener su influencia sobre naciones o territorios que consideran de gran importancia geoestratégica. En este sentido, el caso del conflicto árabe-israelí y la Guerra de los Seis Días ejemplifica claramente la disputa geopolítica entre las potencias por consolidar su influjo en la región del Medio Oriente.

El conflicto armado se inició con un ataque preventivo lanzado por los israelíes, esto tras sospechar que la coalición árabe –Egipto, Siria y Jordania– estaba preparando una arremetida militar contra Israel; pero la ofensiva israelí sólo debe considerarse como el casus belli que desató la batalla entre ambos bandos ya que, desde algunos días atrás, se habían complicado las relaciones entre Israel y los países vecinos árabes, y que abrieron la puerta a la guerra total.

La victoria israelí sobre las tropas árabes causó un ambiente de furor en el estado anímico de la sociedad israelí, y no era para menos: las Fuerzas de Defensa de Israel habían triunfado de manera apabullante sobre los ejércitos de tres naciones árabes. Es posible que ni los israelíes hubieran calculado una victoria tan rápida; sobre todo, después de los comentarios que hizo Gamal Abdel Nasser sobre “la oportunidad de arrojar a los judíos al mar”. Además se debe tomar en consideración que los ejércitos egipcio y sirio, habían sido recientemente equipados con el armamento más moderno por parte de la Unión Soviética, por lo que se esperaba que la contienda fuera altamente destructiva.

En sólo seis días cambió el mapa geopolítico del Oriente Medio. El resultado inmediato del triunfo israelí fue la expansión territorial sobre regiones que habían estado bajo dominio árabe. Cisjordania y Jerusalén Este le fueron retirados al reino Hachemí; la Franja de Gaza y la península del Sinaí, a Egipto; y los Altos del Golán, a Siria. La incorporación de los nuevos territorios generó un debate dentro del gobierno y la sociedad israelí respecto a las acciones que debían emprenderse en las zonas recién incorporadas; aunque la opinión generalizada era que no se debía de regresar a las fronteras anteriores a la guerra.

En opinión del general Moshe Dayan, Israel debía utilizar la península del Sinaí y los Altos del Golán como una medida de presión hacia Egipto y Siria para alcanzar el reconocimiento del Estado de Israel por dichas naciones y, finalmente, conseguir un acuerdo de paz para la región. Para Cisjordania y la Franja de Gaza, proyectó una política de “Puentes Abiertos” que permitiera el desarrollo de la vida civil a través de la cooperación económica y el flujo de mercancías desde Cisjordania hasta Israel y viceversa; dicha política continuó desarrollándose hasta 1977, año en que el Partido Likud llegó al poder en Israel.

El caso de Jerusalén Oriental es muy particular, ya que una vez que las fuerzas árabes fueron derrotadas en la ciudad, el ejército israelí tomó el control de la mismas; la sociedad y las autoridades israelíes mostraron gran emoción por el regreso a los lugares santos y, principalmente, al Muro de las Lamentaciones, que posee una gran valor espiritual para el judaísmo. Es el valor simbólico y espiritual que tiene la ciudad de Jerusalén para el pueblo judío lo que llevó a las autoridades israelíes a tomar la decisión de anexar Jerusalén Oriental a la soberanía israelí. La prensa mostraba su apoyo a las decisiones gubernamentales comentando y citando las expresiones del Primer Ministro Levi Eskhol: “Israel nunca retornará a las condiciones que existían antes de que estallara la tercera guerra árabe-israelí… Israel está dispuesto a discutir todas las cuestiones territoriales, con la excepción de la Vieja Jerusalén”. Por su parte, el Ministro de Defensa Móshe Dayan anunciaba: “Israel no retrocederá del territorio que ha ocupado desde Kantar hasta Kuneitra”.

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