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La pluma de Vicente Riva Palacio con relación a la familia Carvajal

Francisco Javier Acosta Martínez

El 4 de marzo de 2017 se dio a conocer, a través de medios de comunicación de la comunidad judía y prensa nacional, que regresaba a nuestro país el diario de Luis de Carvajal “el mozo”, quien fuera sobrino del fundador del Reino de Nuevo León, hoy ciudad de Monterrey. El documento, extraído del Archivo General de la Nación hace setenta años, es considerado el primer manuscrito realizado por un judío en nuestro continente y, ahora que está de vuelta en México, vuelve a poner de relieve la historia de este personaje, y con él, de los judíos perseguidos por la Inquisición. Este tema se ha abordado de distintas maneras y en diferentes épocas y en esta ocasión tomaremos como ejemplo la reflexión de Vicente Riva Palacio sobre el acontecimiento.

Manuscrito de Luis Carvajal “el mozo”, recién devuelto a nuestro país.

Riva Palacio, quien fue político, militar, jurista y escritor, describe a los integrantes de la familia Carvajal como mártires de la nación y parte importante de la transformación de México. Esto podemos verlo en el capítulo dedicado a esta familia en El libro rojo, obra clásica de la literatura mexicana que narra muchos de los acontecimientos violentos por los que tuvo que pasar México desde tiempos prehispánicos hasta el siglo XIX. Esta colección de relatos fue realizada por el propio Riva Palacio en coautoría con el también escritor Manuel Payno, y salió a la luz en 1870. Desde entonces, ha sido reeditada en numerosas ocasiones por el enorme valor literario e histórico de sus páginas.

Volviendo a los Carvajal, Vicente Riva Palacio empieza de la siguiente manera su texto:

“La historia de la familia Carvajal; las terribles persecuciones que sufrió por la Inquisición; las revoluciones curiosas que ante aquel tribunal hicieron las diversas personas de dichas familias, acerca de la observancia y ceremonias de la Ley de Moisés, y el fin trágico de todas esas personas daría motivo a escribir, no dos o tres artículos, sino un gran libro.” (Riva Palacio, Vicente, El Libro Rojo, CONACULTA, 2005, p. 177).

Es por eso que hoy en día el tema de los criptojudíos en la Nueva España es uno de los más estudiados y controversiales de nuestra historia; para comprobarlo basta con dar una vuelta por los acervos del Archivo General de la Nación, donde se encuentran registros de numerosas acusaciones al Santo Oficio por practicar la Ley de Moisés.

Detalle del mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.

Portada original de “El libro rojo”, de Riva Palacio y Payno

Vicente Riva Palacio, antes comenzar la narración de los acontecimientos relacionados con los Carvajal, comenta la importancia de dar a conocer la verdad y las formas en que interrogaba a los presos la Santa Inquisición:

“Nosotros uniremos al laconismo, necesario a los estrechos límites de esta publicación, la mayor claridad posible, insertando al pie de la letra algunas diligencias, tales como existen en las causas originales; y aunque esto algunas veces parezca cansado, sin embargo, hará formar a nuestros lectores la idea más perfecta del carácter y procedimiento de esta terrible institución que se llamó Santo Oficio…”.

El texto de Riva Palacio, que ocupa varias páginas de El libro rojo y que transcribe algunos fragmentos de las actas del Santo Oficio relativas al juicio de varios miembros de la familia Carvajal, es al mismo tiempo conmovedor e indignante: un testimonio indispensable para quienes quieran acercarse a esta parte de la Historia de México. Para concluir, es importante comentar que el manuscrito de Carvajal “el mozo” fue recuperado por el coleccionista y filántropo Leonard L. Milberg, quien lo encontró en una casa de subastas neoyorkina. Actualmente y hasta principios de mayo, el documento está expuesto al público en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.

A cuatrocientos años de El Quijote

Este año se cumplen cuatrocientos de la publicación de una de las novelas más influyentes de la literatura: El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, y de la muerte de su autor, don Miguel de Cervantes Saavedra.

Se dice fácil pero ¿cuántos libros se han escrito y olvidado en estos cuatro siglos? Quizá la verdadera pregunta sería: ¿por qué seguimos acordándonos de Don Quijote, si los tiempos y el idioma han cambiado tanto desde entonces?

 

quijote picasso

El Quijote y Sancho en versión de Picasso

Parte de la respuesta es que hay cosas en El Quijote que permanecen, gracias a la capacidad de Cervantes de crear personajes creíbles, con lo que podemos sentirnos identificados, a pesar del tiempo transcurrido entre su época y la nuestra. Tomemos por caso al protagonista: Alonso Quijano, un “hidalgo pobre” que se vuelve loco por leer muchas historias de caballeros andantes, al grado de creerse uno. Por cierto: los hidalgos eran la parte más baja del escalafón de la aristocracia castellana. Si encima eran pobres, apenas tenían privilegios; y locos, menos.

 

Don Quijote y Sancho

Don Quijote y Sancho según Doré

Y peor si su locura consiste en “luchar por la justicia”. El equivalente actual sería que, de tanto leer cómics, el protagonista se creyera súper héroe y saliera a la calle, disfrazado de Superman o Batman: la gente que se topara con semejante personaje no pensaría “ah, mira, un súper héroe” sino “ay, un loco, que alguien lo controle”.

¿Cuántas veces no nos ha tocado ver a un idealista que es tachado de loco, o que, en su esfuerzo por hacer cosas buenas, complica más la situación? Capaz que alguna vez estuvimos nosotros en ese papel.

 

La locura de Don Quijote según Doré.

La locura de Don Quijote según Doré.

Pero además está Sancho Panza, vecino que, en la imaginación del hidalgo, se convierte en su escudero. Sancho es el perfecto contraste con Don Quijote: no sólo es cuerdo mientras que el otro está loco; además, tan práctico, simple, pícaro e iletrado es Sancho como el Quijote es idealista, complejo, inocente y culto. Seguro que, en más de una ocasión, con quien nos sentiremos identificados es con Sancho.

Y así este par recorre la Castilla de su tiempo enfrentando la visión fantástica de uno (con hechiceros y gigantes) con la mirada realista del otro (con gente común y molinos de viento), mientras el lector tiene una vista privilegiada de ambas, en aventuras llenas de sentido del humor.

 

Sancho Panza y Don Quijote en versión de Honoré Daumier.

Sancho Panza y Don Quijote en versión de Honoré Daumier.

Es una pena que al final Quijano recupere la cordura y diga que todo fue obra de su mente confundida: si no se hubiera añadido esto, el realismo en la literatura en español no sería tan cuadrado hoy en día. Pero hay que tomar en cuenta que, en los tiempos y terruños de Cervantes, la Inquisición era cosa peligrosa, y que en España y sus colonias cualquier mención a temas fantásticos podía ser considerada herejía.

Eso nos lleva a otro tema interesante: los biógrafos y estudiosos de Cervantes siguen discutiendo si era de origen judío o no. Entre los muchos puntos contenciosos destaca el hecho de que se ha descubierto que la inscripción de nacimiento, en los libros de la iglesia de Alcalá de Henares, donde se creía que nació, fue falsificada. Eso en sí mismo podría significar solamente que no nació en Alcalá pero ¿por qué ocultar el lugar de nacimiento? Se maneja la tesis de que Cervantes quería ocultar, más bien, su segundo apellido, Saavedra, común entre judíos conversos, por considerarlo no sólo un serio obstáculo profesional, sino un riesgo a su vida.

Quienes defienden que Cervantes fue judío aportan datos entresacados de El Quijote. Dicen que hay multitud de costumbres judías escondidas en sus páginas e incluso hay quien asegura haber encontrado una página del Talmud transcrita casi entera en el capítulo VI de la novela. Sin embargo, no hay pruebas concluyentes y la polémica sigue viva.

En cualquier caso, esto es interesante: que tanto tiempo después del nacimiento de Cervantes se siga discutiendo al respecto, que se siga recordando al autor y leyendo su obra, algo nos dice, más allá de sus orígenes.

 

La firma de Miguel de Cervantes Saavedra

La firma de Miguel de Cervantes Saavedra

También llama la atención la cantidad de traducciones y ediciones que hay de esta obra. Por ejemplo, existe una traducción al idish, realizada en 1950 por P. Katz, en Argentina. Podría parecer una edición tardía, pero no nos dejemos engañar por la primera impresión: en realidad, esta edición es importante en varios sentidos. Para empezar, apenas unos años antes, durante el Holocausto, los grandes centros de la cultura judía europea habían sido prácticamente aniquilados, y los sobrevivientes, sobre todo los jóvenes, se estaban alejando del idish. La editorial I.K.U.F., responsable de la publicación, manifestó con este gesto la esperanza en que lo hermoso, lo universal, puede perdurar. ¿Qué mejor forma de hacerlo, que con la obra cumbre de Cervantes?

Por cierto, en el Centro de Documentación e Investigación Judío de México hay ejemplares de la edición en idish de Don Quijote. Los invitamos a visitarnos y conocerla.

El Quijote en ídish

El Quijote en ídish

 

(Texto de Raquel Castro)