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Especial: 50 años de la Guerra de los Seis Días – Día 2

Seis días de apuesta (segunda parte)

Diana Orozco

(Continúa desde aquí)

1967

A pesar de que habían pasado casi 10 años de relativa calma después de la Crisis de Suez, las tensiones en las fronteras fueron aumentando en 1966 e inicios de 1967. Para mayo de 1967, Egipto pidió el retiro de las Fuerzas de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF, por sus siglas en inglés) del Sinaí, ubicadas desde el fin de la crisis de Suez en 1957. Días después, un despliegue militar egipcio se situó en la frontera con Israel, incluida la franja de Gaza, y bloqueó los estrechos de Tirán, vía de acceso al golfo de Aqaba, donde Israel tenía su principal Puerto Mercantil. Esto provocó un cerco económico al prohibir la circulación de buques israelíes y navíos de otras nacionalidades con mercancías en destino a Israel, así como un aislamiento comercial con el océano Índico. Siria, Egipto y Jordania firmaron un pacto contra Israel y, más tarde, se unió Irak a la coalición.

Algunos autores comentan que Israel actuó en defensa propia ante la amenaza que representaba el retiro de tropas de Naciones Unidas y la presencia de las fuerzas armadas egipcias en las fronteras; además de que no tenía la seguridad de que Estados Unidos impulsara una garantía internacional que evitara el conflicto, así que debían actuar rápido para garantizar su supervivencia. Otros estudiosos del conflicto sostienen que Israel inició el ataque pues deseaba territorios (sobre todo Damasco) y recursos de sus vecinos, alegando una cuestión de seguridad. En lo que todos coinciden es que el conflicto era inminente, independientemente del motivo.

No sólo territorios

En esta guerra, los países en conflicto no sólo se jugaban territorios: también bienes materiales de gran valor, como su equipo bélico. Egipto entró a la guerra armado con material soviético y británico, algunos excedentes de las dos Guerras Mundiales, 160000 hombres, 1200 carros de combate, más de un millar de transportes blindados de personal BTR, carros T-34/85 e IS-3. La mitad de sus vehículos eran T-54 y T-55, aproximadamente cien shermans estadounidenses y centuriones británicos. También contaba con más de 1000 piezas de artillería soviética. La marina egipcia era la más fuerte de todas las que participaron, pero no fue de gran utilidad pues las batallas se libraron en su mayoría por tierra y aire. La fuerza aérea contaba con unos 200 cazas MIG, unos 100 bombarderos y cargabombarderos. Las divisiones de infantería constaban de tres brigadas de fusileros, acompañadas de batallones de anticarro, de carros o de cazatanques.

Jordania contaba con 55000 hombres, unos 200 vehículos blindados M8-patrons y centuriones de procedencia angloamericana y una fuerza aérea obsoleta reducida a unas 20 unidades. Siria tenía aproximadamente 70000 hombres, 200 carros de combate, 30 panzer IV y 120 cazas MIG. Por su parte, Irak contaba con unos 20000 soldados, 50 aviones y un centenar de tanques.

Soldados israelíes en el Muro de los Lamentos, 1967

El Ejército de Israel estaba conformado por unos 300000 hombres, entre ellos 70000 reservistas aproximadamente, los cuales dejaban sus empleos para servir de apoyo a las Fuerzas de Defensa Israelí ya existentes. Todos ellos estaban armados con fusiles de asalto belgas FAL, subfusiles UZI, 250 centuriones británicos, 200 pattons americanos, 200 shermans, 150 cazacarros franceses, 200 piezas de artillería autopropulsada, y trasportes blindados como semiorugas M-3 y orugas M-113 y 450 aviones, entre ellos cazas Mirage franceses. También contaba con refugios antiaéreos con un valor de 30 mdd que habían sido construidos hacia 1956.

Con todo este arsenal estas naciones se lanzaron a un conflicto armado que duraría únicamente seis días. Al finalizar la crisis, Israel había perdido 26 aviones, 61 tanques y 679 vidas humanas. Por su parte, las pérdidas de los países árabes se calculan en 441 aviones, 970 tanques y 15000 vidas humanas. Si bien Líbano, Arabia Saudí e Irak no tuvieron pérdidas territoriales, sí perdieron parte de las tropas enviadas a la zona de guerra.

El “precio” de la “paz”

Al final de estos seis días, Israel además de ganar los territorios de los Altos del Golán, Cisjordania (incluida Jerusalén Oriental), la Franja de Gaza y la península del Sinaí, obtuvo dominio sobre el canal de Suez y la región occidental del Río Jordán. Con ello, lo que antes era un pequeño y vulnerable estado, era ahora un país fortalecido, con un mapa político favorable a sus necesidades de seguridad, puesto que ya no necesitaría realizar ataques preventivos para garantizarla. Además, ahora contaba con los ingresos provenientes del turismo de los Lugares Santos, recursos hídricos y una autosuficiencia petrolífera que potenciarían su crecimiento económico, cosas que naturalmente perdieron Jordania, Líbano y Egipto.

No todo sería favorable a Israel: otra consecuencia de la guerra fue que, en el plano político, perdió la imagen de un país en lucha por su supervivencia y la opinión pública internacional comenzó a verlo como un país agresor y expansionista, lo que trajo consigo nuevas complicaciones militares, sociales y económicas, tanto en sus relaciones internacionales como al interior del país.

Especial: 50 años de la Guerra de los Seis Días – Día 1

Seis días de apuesta

Una visión económica de la Guerra de los Seis Días

Diana Orozco

Israel es un Estado relativamente joven, pero marcado por el conflicto desde que comenzó la idea de su creación. Tuvo que luchar por su supervivencia ante los ataques de sus vecinos al mismo tiempo que intentaba lograr su consolidación como nación y su crecimiento económico. Entre estos conflictos, fue decisiva en el cambio del mapa geopolítico la llamada tercera guerra árabe o guerra de los seis días que, aunque breve, tuvo grandes implicaciones económicas para las naciones participantes.

La consolidación de un nuevo estado

Para comprender plenamente el tema que nos ocupa es importante conocer algunos puntos clave que nos ayudarían a explicar tanto la situación económica de Israel previa a la guerra, así como la situación territorial que estuvo en pugna.

Desde 1948, si bien Israel consiguió mediante la Organización de las Naciones Unidas que se frenaran las invasiones, no pudo imponer condiciones sobre el Canal de Suez, Amman o Damasco. Aunque había un armisticio de por medio, los países árabes, principalmente Siria y Egipto, bloqueaban las vías comerciales tratando de impedir la competencia de las exportaciones (en su mayoría agrícolas) de Israel en los mercados del Medio Oriente. A esto hay que sumarle los constantes choques en las fronteras, que causaban fuertes pérdidas económicas a las poblaciones israelíes fronterizas debido a los robos armados.

Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse, esto no afectó el crecimiento económico del estado de Israel. En primer lugar, el joven país tenía como prioridad desarrollar su propia economía y asimilar a las oleadas de inmigrantes. No buscaba ponerse en riesgo con acciones militares en territorios vecinos para no comprometer más su situación con las grandes potencias, ni buscaba distraer la atención de sus habitantes de las dificultades económicas y políticas que vivían.

Por otro lado, las grandes sumas de dinero que llegaban a Israel, no llegan a los países limítrofes del recién creado estado. Las empresas que se fundaron casi al mismo tiempo que el nuevo Estado, comenzaban a prosperar casi diez años después. Por algunos años hubo cierta prosperidad económica, pero la expansión de la agricultura y la industria israelíes pusieron en alerta a Siria, Jordania y Líbano, pues cada aumento en la producción de ambas ramas significaba que también aumentaba la potencia militar del nuevo Estado.

 

Mapa de Iarael antes y después de la Guerra de los Seis Días

Una situación difícil

Ante las constantes amenazas vecinas, Israel creó una Fuerza de Defensa unificada con un comando único para ejército, marina y aviación. Israel no podía soportar la carga de un ejército permanente, así que, para reducir costos, se propuso el servicio militar obligatorio y se equiparon las fronteras del país con armamento para reducir el número de puestos permanentes de defensa. Además, como entre la población se desconfiaba de los árabes, para evitar el apoyo de éstos a los grupos que atacaban las fronteras, fueron replegados hacia el centro del país y no se les admitió en el ejército, aunque gozaban de todos los servicios que la ley otorga a los ciudadanos.

La situación entre los estados árabes e Israel era difícil: Jordania, a pesar de que temía a Siria, deseaba la paz con Israel, pero también el uso del puerto de Haifa. Israel estaba dispuesto, pero el miedo de la población árabe y aldeanos de Samaria y Judea lo impidieron. Líbano también deseaba la paz con Israel pero se sentía amenazado por Siria.

Irak, si bien no tiene frontera natural con Israel, se negaba a enviar petróleo a este país y a dar paso a inmigrantes provenientes de Persia. Por su parte, Egipto sentía un profundo malestar hacia Israel por la derrota de 1948 y por el ataque a Suez en 1956.

Siria e Israel disputaban el control sobre las zonas límites y los recursos hídricos del Jordán y el lago Kinneret o Mar de Galilea: Israel quería desviar el agua de dicho lago hacia el sur, hasta el desierto del Néguev, donde el agua era escasa, ya que le era vital desarrollar esa área, que era la más despoblada y contenía recursos valiosos como uranio.

(continuará…)