Especial: 50 años de la Guerra de los Seis Días – Día 1

Seis días de apuesta

Una visión económica de la Guerra de los Seis Días

Diana Orozco

Israel es un Estado relativamente joven, pero marcado por el conflicto desde que comenzó la idea de su creación. Tuvo que luchar por su supervivencia ante los ataques de sus vecinos al mismo tiempo que intentaba lograr su consolidación como nación y su crecimiento económico. Entre estos conflictos, fue decisiva en el cambio del mapa geopolítico la llamada tercera guerra árabe o guerra de los seis días que, aunque breve, tuvo grandes implicaciones económicas para las naciones participantes.

La consolidación de un nuevo estado

Para comprender plenamente el tema que nos ocupa es importante conocer algunos puntos clave que nos ayudarían a explicar tanto la situación económica de Israel previa a la guerra, así como la situación territorial que estuvo en pugna.

Desde 1948, si bien Israel consiguió mediante la Organización de las Naciones Unidas que se frenaran las invasiones, no pudo imponer condiciones sobre el Canal de Suez, Amman o Damasco. Aunque había un armisticio de por medio, los países árabes, principalmente Siria y Egipto, bloqueaban las vías comerciales tratando de impedir la competencia de las exportaciones (en su mayoría agrícolas) de Israel en los mercados del Medio Oriente. A esto hay que sumarle los constantes choques en las fronteras, que causaban fuertes pérdidas económicas a las poblaciones israelíes fronterizas debido a los robos armados.

Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse, esto no afectó el crecimiento económico del estado de Israel. En primer lugar, el joven país tenía como prioridad desarrollar su propia economía y asimilar a las oleadas de inmigrantes. No buscaba ponerse en riesgo con acciones militares en territorios vecinos para no comprometer más su situación con las grandes potencias, ni buscaba distraer la atención de sus habitantes de las dificultades económicas y políticas que vivían.

Por otro lado, las grandes sumas de dinero que llegaban a Israel, no llegan a los países limítrofes del recién creado estado. Las empresas que se fundaron casi al mismo tiempo que el nuevo Estado, comenzaban a prosperar casi diez años después. Por algunos años hubo cierta prosperidad económica, pero la expansión de la agricultura y la industria israelíes pusieron en alerta a Siria, Jordania y Líbano, pues cada aumento en la producción de ambas ramas significaba que también aumentaba la potencia militar del nuevo Estado.

 

Mapa de Iarael antes y después de la Guerra de los Seis Días

Una situación difícil

Ante las constantes amenazas vecinas, Israel creó una Fuerza de Defensa unificada con un comando único para ejército, marina y aviación. Israel no podía soportar la carga de un ejército permanente, así que, para reducir costos, se propuso el servicio militar obligatorio y se equiparon las fronteras del país con armamento para reducir el número de puestos permanentes de defensa. Además, como entre la población se desconfiaba de los árabes, para evitar el apoyo de éstos a los grupos que atacaban las fronteras, fueron replegados hacia el centro del país y no se les admitió en el ejército, aunque gozaban de todos los servicios que la ley otorga a los ciudadanos.

La situación entre los estados árabes e Israel era difícil: Jordania, a pesar de que temía a Siria, deseaba la paz con Israel, pero también el uso del puerto de Haifa. Israel estaba dispuesto, pero el miedo de la población árabe y aldeanos de Samaria y Judea lo impidieron. Líbano también deseaba la paz con Israel pero se sentía amenazado por Siria.

Irak, si bien no tiene frontera natural con Israel, se negaba a enviar petróleo a este país y a dar paso a inmigrantes provenientes de Persia. Por su parte, Egipto sentía un profundo malestar hacia Israel por la derrota de 1948 y por el ataque a Suez en 1956.

Siria e Israel disputaban el control sobre las zonas límites y los recursos hídricos del Jordán y el lago Kinneret o Mar de Galilea: Israel quería desviar el agua de dicho lago hacia el sur, hasta el desierto del Néguev, donde el agua era escasa, ya que le era vital desarrollar esa área, que era la más despoblada y contenía recursos valiosos como uranio.

(continuará…)