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Resistencia en México durante la Shoah: el Mitin de Bellas Artes

Francisco Javier Acosta Martínez

La Shoah, también conocida como el Holocausto, fue la agresión más violenta del siglo XX en contra de la comunidad judía del mundo, en especial en contra de los judíos ashkenazí que se encontraban en el centro y el este de Europa.

En México, desde 1938 existía una institución que representaba a la comunidad judía del país: el Comité Central Israelita de México, que intentó -a través de mítines, reuniones y otros eventos- recolectar fondos de ayuda y hacer visible la situación en Europa.

Una de las acciones de Comité Central fue el gran mitin de Bellas Artes. El 29 abril de 1944, los periódicos mexicanos en idioma ídish convocaron a la comunidad judía a reunirse al siguiente día, sábado 30, a las 8:30, en el Palacio de Bellas Artes, con el fin de realizar una protesta en contra del antisemitismo nazi y celebrar, además, el aniversario del levantamiento del Gueto de Varsovia. Aunque también hubo otros carteles como éste:

 

Agrupaciones como la Asociación Acción Democrática Nacional, que se pronunciaba en contra del movimiento nazi-fascista, o la Organización Sionista, cuyo objetivo se concentraba en la creación del Estado de Israel, formaban parte del grupo organizador del mitin. Entre las personalidades convocantes estuvieron Gonzalo Báez-Camargo, mejor conocido como Pedro Gringoire, considerado el primer hebraísta de México, catedrático y normalista, y Raúl Cordero Amador, académico oriundo de Costa Rica y nacionalizado mexicano en 1930.

El acontecimiento fue una de las acciones emprendidas por judíos y no judíos de México para manifestarse en contra del fascismo, y como símbolo de resistencia ante la Shoah.

El Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM) resguarda uno de los carteles más emblemáticos de aquel mitin, que recordamos en el marco del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, efeméride designada por la UNESCO desde 2005.

L. L. Zamenhof, el hombre que creó un idioma

Por Luis Fernando Meneses

Es usual conocer gente que tiene una gran facilidad para aprender idiomas; sin embargo, no todos podrían presumir de haber inventado uno. Alguien que sí habría podido nació un día como hoy pero de 1859: L. L. Zamenhof, el creador del esperanto.

Desde muy chico, Zamenhof se vio rodeado de una gran cantidad de idiomas, ya que nació en la ciudad de Bialystok (entonces perteneciente al imperio ruso y ahora parte de Polonia), donde había comunidades de polacos, judíos, rusos, alemanes y lituanos. Ahí vio las dificultades de comunicación y los problemas que se daban debido a la diversidad de lenguas y religiones.

Este fue el impulso que lo llevó a crear un idioma que pudiera usarse en todo el mundo, dando como resultado el esperanto, hoy en día la lengua internacional más hablada y difundida en el mundo.

Durante el desarrollo del esperanto, en 1879 fue presentado el volapük, una lengua que tenía por objetivo el mismo que el esperanto. En lugar de que el interés por inventar una lengua universal cesara tras la invención del volapük, fue una gran fuente de inspiración para Zamenhof, ya que, al encontrar diversos defectos en éste, se esforzó aún más por concluir su obra.

Finalmente, en 1887, publicó un folleto que exponía los principios del esperanto, gracias al financiamiento de su suegro. Dicha obra estaba firmada por el “Doktoro Esperanto” (que en español puede leerse como Doctor Esperanzado), de donde viene el nombre del nuevo idioma.

En los siguientes años, publicó una gran cantidad de folletos que explicaban el nuevo idioma, varios de los cuales envió a críticos expertos, revistas, gacetas, sociedades y periódicos europeos. A la par, publicaba anuncios del esperanto en periódicos rusos y polacos y continuaba con la difusión de su gran obra. Debido a esto, en 1905 quedó arruinado y la divulgación quedó en manos de los primeros seguidores del idioma.

Ese mismo año, se celebró el primer Congreso Universal de Esperanto, donde se aprobó el Fundamento de Esperanto, es decir, el reglamento esencial para hablar la lengua.

Sin embargo, en 1908 hubo una gran crisis que puso en riesgo la existencia misma de la lengua, ya que un grupo de seguidores presentó una reforma con el objetivo de crear un esperanto nuevo. Zamenhof no logró resistir la presión y decidió presentar cambios en el idioma, mismos que fueron rechazados porque muchos de los hablantes consideraron que sería difícil desarraigarse de lo que ya habían aprendido. 

La crisis duró casi dos décadas; sin embargo, mientras tanto el idioma mostró un buen avance  en su expansióna nivel internacional.

En 1909, durante el V Congreso Universal de Esperanto, el rey español Alfonso XIII, nombró a Zamenhof Comendador de la Orden de Isabel.

Más sobre el esperanto

Como explicó varias veces su creador, el esperanto no era un intento por sustituir las lenguas existentes, sino una alternativa internacional para que todos pudieran comunicarse de forma sencilla.

Por otro lado, aunque no es un idioma que se use de forma oficial en ninguna nación ni territorio, sí tiene un buen número de seguidores. A finales del siglo XX, se estimaba que la comunidad mundial esperantista era de 100000 a 2000000 de personas, de las cuales entre 1000 y 10000 son hablantes nativos, es decir que lo aprendieron en su entorno social.

Actualmente, dicho idioma es utilizado en viajes, correspondencia, redes sociales, chats, reuniones internacionales, encuentros culturales y científicos, literatura (original y traducida), teatro, cine, música y medios de comunicación.

Inicialmente, muchas personas habían aprendido el volapük, sin embargo, terminaron por mudarse al esperanto por encontrarlo más sencillo. Asimismo, luego de que Leopold Einstein fundó en Alemania la primera gaceta en esperanto La Esperantisto, muchos personajes importantes mostraron su apoyo a la lengua, como Antoni Grabowski o el mismo León Tolstoi, ambos colaboradores de la publicación.

Con el inicio del siglo XX, vinieron también diversas complicaciones para el idioma, ya que durante la Primera Guerra Mundial fue suspendido el X Congreso Universal de Esperanto, que se celebraría en París. Además, en 1917 falleció Zamenhof.

Por otro lado, España fue el país que más activo se mostró en los primeros años del siglo XX en el aprendizaje del esperanto; pero se tienen registros de quedurante la Guerra Civil Española algunos esperantistas fueron ejecutados o tomados presos. Posteriormente, durante en la Segunda Guerra Mundial, los esperantistas fueron perseguidos debido a que Hitler consideraba que, al ser una lengua desarrollada por un judío, podía ser usada para la dominación del mundo por parte de dicho pueblo.

Entretanto, en la Unión Soviética el esperanto fue acusado de ser “una lengua de espías” y fue prohibido desde 1937 hasta 1956; mientras que Estados Unidos hizo uso del idioma entre 1950 y 1960 como parte de su entrenamiento militar.

Hoy en día, la Asociación Universal de Esperanto tiene relaciones oficiales con la Organización de las Naciones Unidas y la UNESCO.

Con respecto a la relación del esperanto con el judaísmo, el mismo Ludwik Zamenhof llegó a mencionar que el esperanto era un parte del Homaranismo, nombre que le dio a su interpretación de la doctrina religiosa y filosófica judía. En esta interpetación pretendía eliminar la parte religiosa del judaísmo y neutralizar al máximo el concepto; pero esta parte de su proyecto jamás tuvo éxito.

Los soldados veteranos judeo-alemanes de la Primera Guerra Mundial

Por Francisco Javier Acosta Martínez

Al pensar en la Primera Guerra Mundial, podría asociarse a un acontecimiento que pasó hace ya mucho tiempo, sin embargo, hoy se cumplen apenas 100 años del fin de este conflicto que involucró a miles de personas de todas las razas y creencias.

Desde luego, sin un sector que no se viera inmerso en este conflicto, la comunidad judía no fue la excepción y algunos también participaron en la contienda. Judíos de todo el mundo apoyaron a los países en los que se encontraban asentados en aquel entonces.

Un grupo muy peculiar fueron los judeo-alemanes, quienes integraban batallones enteros, tal como está ilustrado en el Museo Judío de München con una fotografía de soldados alemanes que posan en torno a una menorá. Esta fotografía desde luego, muestra el grado de compromiso que tenía la comunidad judía con las causas alemanas durante la guerra.

Además, de acuerdo a un artículo publicado en CCNews, 100 mil judíos estuvieron en las filas del ejército alemán y alrededor de 31 mil de ellos fueron condecorados con la Cruz de Hierro y 12 mil cayeron en combate.

Asimismo, en las sinagogas eran comunes las oraciones que pedían la victoria e los alemanes en contra de los aliados. Sin embargo, también hubo muchos críticos de este suceso, que se mostraban en contra del movimiento militarizado, como el caso del muralista William Grooper, quien ilustró este rechazo en la revista Der Hammer, de Estados Unidos.

Dentro del selecto grupo de judíos que manifestaron rechazo ante el entusiasmo bélico fueron Albert Einstein y Rosa Luxemburg, mujer que inclusive se opuso a la participación socialdemócrata en la contienda.

Conforme avanzaba la guerra y llegaba a su término, la comunidad judía que pertenecía a las filas del ejército alemán iba siendo relegada en importancia y aun luchando para el mismo bando fue mal vista dentro de la milicia germana. Poco a poco, el nacionalismo nazi se fue apoderando de Alemania hasta que comenzó a existir rechazo hacia los judíos.

En 1919, tras el término de la ‘Gran Guerra’, se creó la asociación “Reichsbund Jüdischer Frontsoldaten”, (Federación del Reich de los solados judíos del frente) fundada por Leo Löwenstein. El propósito de la Federación era contrarrestar la propagan antisemita de 1920 en Alemania y evidenciar la participación de los judíos durante la Primera Guerra Mundial.

Dentro del registro de refugiados que tiene el Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM) se han identificado a soldados judeo-alemanes que ingresaron a nuestro país. Uno de ellos es Wolf Brom, quien se describió como una persona sin nacionalidad –al sentirse no identificado con el movimiento nacionalista de Hitler-, que además pudiera ser pariente del historiador Juan Brom.

Para finalizar, te compartimos esta canción de origen sefaradí de Jak Esim, misma que rememora la batalla de Galípoli en 1915.