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El mayor caza nazis de la historia: Simon Wiesenthal

Por Luis Fernando Meneses

Luego del término de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las personas que fueron víctimas del horror nazi no quería más que olvidar lo sucedido, regresar a sus lugares de origen o buscar a sus familiares con la esperanza de que estuvieran vivos. Por otro lado, el resto del mundo puso la vista en un nuevo conflicto que partía ideológicamente al planeta en dos grandes bloques: la Guerra Fría.

Sin embargo, hubo quienes no quisieron olvidar lo que vivieron en los campos de concentración. Entre ellos, hubo un hombre que, a partir de su liberación, hizo todo lo posible para que los responsables pagaran por lo que habían hecho: Simon Wiesenthal , quien llegó a ser conocido como ‘el caza nazis’.

Wiesenthal, a quien hoy recordamos por su aniversario luctuoso número 13, nació el 31 de diciembre de 1908 en el antiguo Imperio Austrohúngaro, hoy Ucrania. Fue arquitecto, contador, investigador y, desde luego, cazador de nazis.

Simon Wiesenthal estudió en la Universidad Técnica de Praga la carrera de arquitectura. Posteriormente, vivió en Leópolis, que entonces pertenecía a Polonia. Tras estallar la Segunda Guerra Mundial fueron asesinados su padrastro y su hermanastro, y él fue forzado a cerrar su firma de arquitectos y a trabajar para el Estado.

Sin embargo, en 1941, tras la ocupación de la Unión Soviética por alemanes, él y su familia fueron arrestados en Checoslovaquia. Simon Wiesenthal fue internado en cinco campos de concentración en cuatro años. Durante este periodo, en uno de los momentos de mayor desesperación, intentó suicidarse cortándose las venas de las muñecas; pero los guardias de la Gestapo a cargo lo curaron con la intención de ejecutarlo después. Sin embargo, poco después un avión ruso cayó en el área del edificio donde estaba preso, y Wiesenthal aprovechó la confusión para mezclarse con los otros prisioneros.

Después de varios intentos de escape, en febrero de 1945 fue trasladado de Buchenwald a Mauthausen, campo que fue liberado por tropas norteamericanas tres meses después. Luego de recuperar la salud y reencontrarse con Cyla, su esposa (quien había escapado en 1942 usando papeles falsos), Simon Wiesenthal se dio a la tarea de recoger documentación que pudiera ayudar en contra de los nazis en los Juicios de Núremberg.

Apenas dos años más tarde, él, junto con treinta voluntarios, fundó el Centro de Documentación Judía en Austria, con el fin de recolectar más información que sirviera en futuros procesos; sin embargo, con el inicio de la Guerra Fría se perdió un poco el interés general por promover los juicios en contra de los crímenes de guerra. Pese a ello, Wiesenthal continuó con su labor y llevó a muchos nazis ante las autoridades: se estima que consiguió que enjuiciaran a más de 1100 criminales con ayuda del Servicio de Inteligencia de Israel. 

En 2003, Simon Wiesenthal anunció su retiro luego de 58 años de trabajo y de asegurar que había encontrado a todos los nazis que se había propuesto buscar. Sin embargo, su dedicación dejó un legado: en 1977, en la Universidad Yeshiva de Los Ángeles se fundó el Centro Simon Wiesenthal, institución dedicada a documentar las víctimas del holocausto y a llevar registros de los criminales de guerra nazis y sus respectivas actividades. Actualmente tiene más de 400 mil miembros y distintas sedes en Toronto, Buenos Aires, Jerusalén y París.

Para muchos, Simon Wiesenthal será recordado como ‘La memoria del Holocausto’ por su incansable trabajo para obtener justicia, mas no venganza. Como él solía decir, “cuando se mire atrás en la Historia quiero que la gente sepa que los nazis no fueron capaces de matar a millones de personas y huir como si nada”.

Regina Jonas: de cuando un sueño se cumple

Luis Fernando Meneses

El 3 de agosto de 1902 nació Regina Jonas, la primera mujer en ser ordenada como rabino. Su historia permaneció olvidada hasta hace poco, pero a partir de su redescubrimiento comenzó a ocupar el lugar que merece.

Jonas nació en Berlín y creció en Scheunenviertel, un barrio humilde en aquel entonces y que en su mayoría era habitado por judíos. Cuando ella tenía apenas 11 años,  su padre murió a causa de una tuberculosis, dejando sin su apoyo a Regina, su hermano Abraham y su madre.

Desde muy joven, Jonas se interesó por atender temas religiosos, siendo una de sus principales influencias el profesor Max Weyl, un rabino ortodoxo que se caracterizó por ser de los primeros en llevar a cabo ceremonias de bar-mitzvah para niñas, quien además la ayudó para ingresar en una escuela de instrucción judía. Este rabino oficiaba en la sinagoga a la que Regina junto a su madre y su hermano asistían a menudo.

En 1924, Jonas se inscribió en la Academia para la Ciencia del Judaísmo, institución liberal que también aceptaba a mujeres como estudiantes y, desde los primeros días, ella se distinguió de sus compañeras al ser la única que aspiraba a ordenarse como rabino.

Este objetivo la llevó a concluir sus estudios en 1930 al presentar una tesis con el tema: “¿Puede una mujer ser rabino de acuerdo con la Halajá?” En este texto, intentó demostrar que la equidad de género era parte de las fuentes legales judías y que, por lo tanto, sí era posible.

Su tesis fue respaldada por el profesor Eduard Baneth, quien falleció antes de que Regina Jones se titulara.  Su trabajo quedó a cargo de otro reconocido profesor de Talmud, Hanoch Albeck, quien no compartía el punto de vista de Baneth sobre la ordenación femenina, situación por la cual Regina Jonas solo pudo graduarse como profesora de religión.

Sin embargo, en 1935, Max Dienemann, Director Ejecutivo del Congreso de Rabinos Liberales, aceptó ordenarla. Poco a poco, ella comenzó a predicar en congregaciones y ofició servicios religiosos en el Hospital Judío; pero esto le fue cada vez más complicado tras el inicio de la persecución por parte de los nazis.

Pese a ello, Jonas ofrecía servicios en sinagogas liberales de Berlín y daba clases en la WIZO y otras organizaciones. Tras la Noche de los Cristales Rotos (1938), se ocupó también de personas vulnerables y visitó muchas comunidades judías en Alemania en distintas ciudades como Frankfurt, que habían quedado sin rabino.

CAPTURA, ESTANCIA  EN THERESIENSTADT Y MUERTE

El 6 de noviembre de 1942, Regina Jonas y su madre fueron enviadas al campo de Teheresienstadt, donde continuó trabajando al servicio de la comunidad judía con el famoso psicólogo Viktor Frankl. Ambos se encargaban de aliviar el sufrimiento emocional y espiritual de los prisioneros, intentando evitar los suicidios dentro del campo. Durante casi dos años, Regina Jonas se desempeñó en oficios religiosos dentro de Teheresienstadt, hasta que el 12 de octubre de 1944 ella y su madre fueron trasladadas al campo de Auschwitz, donde fueron asesinadas.

SU ESPACIO EN LA HISTORIA

Hasta 1990, nada se sabía de Regina Jonas pese a lo importante que había sido: no había registros sobre ella ni fue mencionada por ninguno de los sobrevivientes al Holocausto, incluyendo al doctor Viktor Frankl (es probable que la razón de que él jamás mencionara a Jonas fuera lo que escribió en el prólogo de su libro El hombre en busca de sentido, donde aseguraba que borró de su memoria todo lo que sucedió antes de que él ingresara a las puertas de Auschwitz). De hecho, se pensaba que la primera mujer ordenada como rabino era Sally Priesand, que fue la primera rabino americana, ordenada en 1972.

La historia de Jonas se conoció gracias a la doctora Katerina von Kellenbach, que viajó a la Alemania Oriental luego de la caída del muro de Berlín para investigar en el Archivo Central de los Judíos sobre las mujeres que buscaban ser rabino en Alemania durante los años 30.

Ahí, Kellenbach encontró un sobre con el Certificado de Enseñanza de Regina Jonas, además de una foto suya vistiendo una túnica rabínica y sosteniendo un libro y un documento firmado por Max Dienemann, y a partir de este descubrimiento comenzó a buscar más información sobre ella.

LEGADO

Regina Jonas ha sido la inspiración de muchas mujeres dentro y fuera de la comunidad judía para defender la equidad de género. Por ejemplo, Judy Nowominski, la décima rabino ordenada en Argentina, y que desde 2015 está a cargo de la comunidad judía de Bet-Hilel, en Palermo. Nowominski asegura que las diferencias de su rabinato con el de los hombres se debe a que todos tienen un estilo distinto y no al hecho de que ella sea mujer.

En honor de Jonas se han develado placas y hay un sendero en Alemania con su nombre; además, en 2013, Diana Groó dirigió la película Regina, un documental biográfico. Por su parte, Elisa Klapheck (primera mujer rabino en los Países Bajos) escribió un libro titulado Fraulein Rabbiner Jonas: la historia de la primera mujer rabino y también estableció la  Casa Deborah en Berlín, un espacio comunitario diseñado para servir como lugar de encuentro de feministas judías de todo el mundo, y en el cual hay una enorme foto de Jonas acompañada de la frase: Historias como las de Regina Jonas, hoy inspiran la renovación de la vida judía en Alemania.

Nunca se sabrán las causas por las cuales aquellas personas que conocieron a Regina Jonas decidieron no mencionarla durante tanto tiempo. Sin embargo, la historia a veces devuelve el lugar que se merecen a aquellos que parecían haber sido olvidados para siempre. Quizá en el futuro, sabremos de otros casos como el de Regina Jonas: casos de personajes admirables que aún caminan en las penumbras de la historia.

 

Referencia: 

Dayan, A., (2004), A Forgotten Myth, HAARETZ, Israel, recuperado de: https://www.haaretz.com/1.4679285

Grau, C., (2015), JUDY NOWOMINSKI: “MI RABINATO ES DISTINTO AL DE LOS HOMBRES, NO PORQUE SEA MUJER, SINO PORQUE TODOS SOMOS DIFERENTES”, Hombres y Mujeres, Buenos Aires, recuperado de: https://reciprocidadhym.wordpress.com/2015/06/05/mi-rabinato-es-distinto-al-de-los-hombres-no-porque-sea-mujer-sino-porque-todos-somos-diferentes/

Klapheck E., (sin año), Regina Jonas, Jewish Women’s Archive, recuperado de: https://jwa.org/encyclopedia/article/jonas-regina