Recopilado por Luis Fernando Meneses / Transcripción por Stalyn Armijo
Usualmente se piensa que el Talmud es un resguardo de leyes y debates, sin embargo, al adentrarse en su lectura es posible encontrar la reunión de la sabiduría que se ha transmitido a través del relato y la oralidad a través de la Halajá (la parte que detalla las reglas sobre cómo vivir) y la Agadá (donde se encuentran los cuentos, parábolas y leyendas).
Hablando precisamente de la Agadá, la biblioteca “Abud y Mery Attie” del CDIJUM resguarda diversos compendios de cuentos, relatos y parábolas del Talmud disponibles para su consulta en nuestras instalaciones. Uno de ellos fue una recopilación realizada por Eduardo Weinfeld y en esta ocasión hicimos una selección de algunos relatos cortos que quisimos compartir contigo, esperando que sean de tu agrado.
Estudiar constantemente
Rabí Yojanán ben Zakai tenía cinco discípulos, que se quedaron en la academia de Yavne, después de la muerte del maestro. Uno de los más notables fue Rabí Eleazar ben Araj. Como no estaba bien de salud fue a Emaús, donde había aguas curativas y buen clima. Rabí Eleazar esperaba que sus colegas le acompañarían, pues era el más erudito de ellos, y necesitaban de sus consejos y enseñanzas. Pero aquellos no pudieron hacerlo durante mucho tiempo. Cuando Rabí Eleazar manifestó el deseo de volver a Yavne, su mujer protestó y le preguntó: “¿Necesitas que ellos te instruyan o es que ellos te necesitan a ti?”
“Ellos me necesitan a mí” contestó el rabí.
La mujer persistió: “En ese caso, debes quedar aquí, donde el clima favorece tu salud.”
Por haber colocado la salud por encima del estudio de la Torá u de la discusión de sus problemas, Rabí Eleazar se olvidó de mucho de lo que había aprendido. Cuando sus colegas eruditos finalmente fueron a verle, no podía contestar a sus preguntas.
Eso nos enseña que aun el sabio más grande debe sacrificar sus conveniencias para seguir el estudio de la Torá, pues de otra manera olvida hasta lo que sabía.
(Kohélet Rabá 7)
Fuente: Weinfeld, E. (1953). Cuentos, Parábolas y aforismo del Talmud. Editorial Enciclopedia Judaica Castellana. México. p. 26.
¿Los chismes son historia? Te invitamos a sacar tus conclusiones leyendo el siguiente artículo de blog.
Respeto filial
La madre de Rabí Tarfón había bajado al patio cierto sábado, para pasear. El cordón de su sandalia se rompió, y la perdió. Para que sus pies no tocasen el suelo, Rabí Tarfón colocó las manos debajo de sus pies, de manera que madre caminó sobre sus manos, hasta que llegó a su cama.
Un día Rabí Tarfón cayó enfermo y nuestros maestros entraron para visitarlo. Su madre les dijo: “Rogad por mi hijo, Rabí Tarfón, pues me trata con honores mayores de los que merezco”. Ellos preguntaron lo que había hecho su hijo, y ella les relató el incidente. Pero los rabíes exclamaron: “¡Aun cuando hubiese hecho mil veces más, no hubiera cumplido con la mitad de lo que la Torá ordena para honrar a los padres!”
Fuente: Weinfeld, E. (1953). Cuentos, Parábolas y aforismo del Talmud. Editorial Enciclopedia Judaica Castellana. México. p. 44.
El intruso
Rabán Gamliel se dirigió a los miembros de su tribunal y les dijo: “Escojan a seis personas, que se reunirán conmigo mañana temprano, para discutir sobre si el año tendrá un mes adicional:”*
Al día siguiente se encontró con que habían venido siete personas. Preguntó: “¿Quién ha venido sin que se le hubiera designado para el consejo?”
Rabí Samuel Ha-katón se levantó y dijo: “Vine a aprender, no a tomar parte en las deliberaciones”.
Más tarde se supo que Rabí Samuel sí había sido designado. Contestó en la forma indicada, para proteger a la persona no autorizada de la vergüenza de una exposición pública. Eso nos enseña que es preferible omitir una mitzvá que avergonzar a una persona.
Fuente: Weinfeld, E. (1953). Cuentos, Parábolas y aforismos del Talmud. Editorial Enciclopedia Judaica Castellana. México. p. 111.
Limpieza
“El hombre generoso hace bien a su alma” (Proverbios XI, 17), Ese hombre es Hilel el Anciano. A la hora de despedirse de sus discípulos, se marchó y fue con ellos. Ellos le preguntaron: “¿Rabí, adónde vais?” Él les contestó: “Voy a hacer una mitzvá, una acción justa y generosa”. Entonces volvieron a preguntar: “¿Qué mitzvá?” Y él dijo: “Lavarme en la casa del baño”.
– ¿Acaso es eso una mitzvá?
-Ciertamente, pues el que se ocupa de cuidar las estatuas de los reyes que se colocan en los teatros y en los circos, debe frotarlas y limpiarlas; por esa razón, los reyes le dan alimentos. Y no es eso todo; aún se le eleva a la nobleza. Yo que he sido formado a imagen y semejanza de Dios, puesto que está escrito “A imagen de Dios hizo al hombre, ¿no tendré mayor razón de cuidar de mi cuerpo?”
(Vayikrá Rabá XXXIV).
Fuente: Weinfeld, E. (1953). Cuentos, Parábolas y aforismo del Talmud. Editorial Enciclopedia Judaica Castellana. México. p. 25.
Haciendo memoria… te invitamos a revisar un discurso pronunciado en la inauguración de la primera sinagoga de la Ciudad de México.
Amigos leales
Dos amigos quedaron separados, cuando estalló una guerra, pues uno de ellos había emprendido viaje a otro país. Las comunicaciones entre los dos países habían quedado interrumpidas y prohibidas, a pesar de lo cual, los dos amigos no perdieron totalmente el contacto. Uno de los dos fue a visitar al otro. Detenido y acusado de espía, fue sentenciado a morir. Al oír su sentencia, imploró al rey que le diera un mes de plazo para poner sus negocios en orden, pues de otra manera, su familia quedaría en la indigencia. Aseguró que al fin de un mes volvería para someterse a la sentencia del rey.
“¿Qué garantía puedes ofrecer de que volverás, una vez que se te deje en libertad?”, preguntó el rey. “Llama a mi amigo y él pagará con su vida por la mía si es que no regreso.”
Con gran sorpresa del rey, el amigo consintió en ello. Cuando había pasado el mes, y el rey hubo dado órdenes de ejecutar al amigo que había aceptado sustituir al otro, el primero volvió y pidió que se le ejecutara en lugar de su amigo. Pero este le imploró para que le dejara morir y salvara su propia vida.
Profundamente impresionado por semejante muestra de lealtad, el rey les perdonó a ambos y les pidió que le incluyeran como tercero en su rara amistad.
(Bet Ha-midrash)
Fuente: Weinfeld, E. (1953). Cuentos, Parábolas y aforismo del Talmud. Editorial Enciclopedia Judaica Castellana. México. p. 69.
¿Te gustaría una segunda parte parábolas y cuentos del Talmud?




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