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Wolf Ruvinskis, de las llaves a las pantallas

Por Francisco Javier Acosta Martínez

Dentro de la época de oro del cine mexicano, son varios los personajes que son recordados con cariño por el público, algunos de los cuales son los luchadores que bajaron del cuadrilátero para estar en la pantalla grande. De esta forma, no hay quien a la fecha no haya visto una película de ‘El Santo’, ‘Blue Demon’ o Wolf Ruvinskis, quien nació un día como hoy pero de 1921.

El luchador de origen judío nació en Letonia y a una edad temprana se vio obligado a emigrar hacia América, llegando a Argentina y posteriormente a México en 1946 y años más tarde se naturalizó mexicano.

En el programa ‘Contrapunto’, de Televisa, el 25 de enero de 1984 que conducía Jacobo Zabludovsky, confesó que desde niño quería ser como los luchadores “mastodonte” -refiriéndose a los de peso completo-, para poder defenderse de los chicos que lo molestaban. Tiempo después, Wolf ingresó  a la Asociación Cristiana de Jóvenes, donde practicó lucha Greco-Romana durante mucho tiempo y a los 11 años, quedó tercer lugar en un campeonato de dicha disciplina.

El obtener este reconocimiento hizo que se esforzara más en sus entrenamientos. Su talento creció tanto, que los patrocinadores y caza talentos le ofrecieron un lugar en la lucha libre argentina, situación que le dio la oportunidad de realizar giras por América Latina. Sin embargo, en busca de más trascendencia, Wolf Ruvinskis decidió viajar a México, ya que había escuchado que era un buen lugar para desarrollarse como luchador.

Ya en nuestro país, ‘el león lituano’ buscó un lugar en la lucha libre mexicana y el 28 de junio de 1946, participó en una función en la Arena Coliseo junto a su amigo ‘Blue Demon’, en la que le ganó a Bobby Bonales. También llegó a enfrentarse a “El Santo” a quien masacró. De hecho, hay quienes aseguran que esta fue la lucha que hizo que la industria del cine se fijara en él, además de su anatomía y sus ojos azules.

También es sabido que sentía gran respeto por el público mexicano, ya que en el mismo programa de Jacobo Zabludovsky,  el luchador declaró que “el mexicano sufría con el luchador, se entrega completamente al espectáculo y a la lucha, algo que no había percibido antes”.

Pese a que Wolf Ruvinskis amaba la lucha libre, mencionó que era un trabajo difícil, duro y sufrido a consecuencia de que el dolor es real y que jamás dejaría que sus hijos realizara lucha libre por el peligro al que estarían expuestos. Estas palabras fueron recuperadas por Sara Kronglold en la Revista Foro, en un homenaje que realizó al luchador pocos días después de su muerte.

Wolf Ruvinskis participó en 150 películas aproximadamente. De hecho, uno de los actores más reconocidos con los que tuvo oportunidad actuar fue Germán Valdés ‘Tin Tan’, en películas como Simbad el mareado, El bello durmiente o El vagabundo, entre otras.

También participó a lado de Pedro Infante en Oveja Negra, con Jorge Negrete en Los tres compadres y con María Félix en La estrella vacía, por mencionar algo de lo más sobresaliente.

 

Pero no sólo eso, sino que además, Wolf actuó en teatro, donde llegó a compartir escenario con Silvia Pinal o Dolores del Río.

Pero Wolf Ruvinskis no sólo fue actor y luchador, sino que también creó una cadena de restaurantes Kosher, mismos que eran anunciados por el periódico Prensa Israelita. Dentro de la comunidad judía, también colaboró con instituciones de beneficencia y otros proyectos intercomunitarios, dejando así un legado único, debido a su gran activismo en beneficio de la sociedad.

Falleció el 9 de noviembre de 1999 debido a un infarto. Sin embargo, será siempre un ícono de la identidad mexicana gracias a las películas que filmó y a su gran carrera dentro de la lucha libre.

Mexicano por convicción: Vladimir Kaspé

Luis Fernando Meneses 

El periodo de guerras de la primera mitad del siglo XX en Europa obligó a una gran cantidad de personas a refugiarse en el continente americano y, entre ellas, muchas fueron arquitectos. Por ejemplo, Antoni Boneti Castellana migró hacia Argentina tras estallar la Guerra Civil Española, mientras que Walter Gropius (considerado el padre de la arquitectura modernista), llegó a los Estados Unidos tras el avance de la ocupación Nazi en Alemania. 

Desde luego, México no fue la excepción y recibió un gran número de refugiados; entre ellos, Vladimir Kaspé, uno de los arquitectos más sobresalientes en el país durante el siglo XX, y quien llegó al país en 1942 gracias a la amistad que tenía con su colega mexicano Mario Pani. 

Originario de Harbin, Manchuria (ahora China), Vladimir Kaspé nació el 3 de mayo de 1910 en el seno de una familia rusa. Sin embargo, en 1946 decidió adquirir la nacionalidad de México, país al que aportó mucho en el campo de la arquitectura, desempeñándose además como profesor y escritor. 

Su formación académica comenzó cuando tenía 16 años, edad a la que junto a su hermano viajó a Francia, donde estudió en la Escuela de Bellas Artes de París de 1929 a 1935. En una entrevista realizada por el canal 22, aseguró que no fue fácil entrar a estudiar a dicha escuela, ya que “la admisión era por concurso y sólo se quedaba el 10% de los aspirantes por intento, de hecho, yo logré entrar en mi tercera prueba”. 

Ahí, en la Escuela de Bellas Artes de París, conoció a Mario Pani, quien años más tarde lo invitó a trabajar como redactor de su revista Arquitectura México, para que además saliera de Europa que estaba en medio de la Segunda Guerra Mundial. En sus primeros años en nuestro país, Kaspé comenzó con varias construcciones de carácter privado. Desde estos primeros trabajos, se sintió más cómodo en México que en Francia, ya que “en México encontré mucha libertad, clientes muy entusiastas, audaces”. 

Posteriormente, trabajó en edificios más grandes, entre los cuales destacan la Escuela Secundaria Albert Einstein (1949), el Liceo Franco-Mexicano (1950), la Facultad de Economía de Ciudad Universitaria (en colaboración con José Hanhausen), el Súper Servicio Lomas (que en 2011 fue demolido de forma parcial para construir la Torre Bicentenario) y el Centro Deportivo Israelita (1955-1958). 

La obra de Kaspé siempre se caracterizó por ser austera y sencilla pero elegante, ya que en el periodo que se desempeñó no había una gran disponibilidad de materiales de construcción; sin embargo, siempre puso valor en lo esencial y realizó construcciones importantes. Además, de acuerdo con él mismo, la peculiaridad su trabajo era “la búsqueda de líneas grades”. 

Entre 1943 y 1973 Kaspé fue profesor en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, la Universidad  Anáhuac, la Universidad Iberoamericana y Universidad La Salle, siendo fundador de estas dos últimas. 

Entre los reconocimientos que recibió se encuentran: La Gran Medalla de la Sociedad de Arquitectos, por parte del gobierno francés, en 1939; las Palmas Académicas del gobierno de Francia en 1957, y en 1980 fue elegido como socio emérito de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, institución de la cual formó parte desde 1954. 

Además, como reconocimiento a su gran trayectoria, Alejandro Aguilera González y José Alejandro Avilón Ortiz publicaron el libro Vladimir Kaspé, Arquitecto Racionalista, obra que muestra la obra y pensamiento del arquitecto; y también se creó el Centro Cultural Vladimir Kaspé, ubicado en la Colonia Condesa de la Ciudad de México. 

Sin embargo, su legado no termina ahí, ya que también escribió un libro titulado Arquitectura como un todo. Aspectos teóricos-prácticos, el cual está escrito para todos aquellos que se sientan atraídos por la arquitectura. 

Además de la arquitectura, una de sus pasiones era la música, y en especial el piano (instrumento que tocaba de forma semiprofesional). De hecho, sobre estas artes, él opinaba que “La arquitectura y la música son las únicas manifestaciones de carácter plástico que son inventadas por el hombre”. 

Vladimir Kaspé falleció el 7 de octubre de 1996 en la Ciudad de México; pero, sin lugar a dudas, será recordado como uno de los mejores arquitectos mexicanos, cuyo legado perdurará como parte importante de la arquitectura en el país.

6 de septiembre de 1860: Se promulgan las Leyes de Reforma

Luis Fernando Meneses

El 6 de septiembre de 1860, el presidente Benito Juárez proclamó las Leyes de Reforma en el estado de Guanajuato dentro del contexto de la llamada Guerra de los Tres Años.

Este conflicto transcurrió de diciembre de 1857 hasta enero de 1861. Por un lado, los conservadores defendían el orden establecido, mientras que los liberales buscaban una nueva forma de gobernar el país.

Pese a que durante un tiempo ambos bandos tuvieron gobiernos paralelos (en Veracruz y la Ciudad de México respectivamente), pronto chocaron sus ideales y comenzó la guerra. Durante el transcurso de la Guerra de Reforma muchos de los conservadores decidieron cambiar su postura convencidos de que era necesario disminuir y controlar el poder que poseía la Iglesia.

Dentro del movimiento de reforma se pueden ubicar tuvo cuatro etapas:

  1. El antecedente que fue la reforma de 1833 de Valentín Gómez Farías.
  2. Una segunda reforma que incluía: la Ley Lerdo, que obligaba a corporaciones civiles y eclesiásticas a vender casas y terrenos; la Ley Juárez, para intentar suprimir los fueros militares y del clero para que dichos entes intervinieran sólo en los asuntos de su competencia y la Ley Iglesias, para prohibir el cobro de derechos y obvenciones parroquiales que los sacerdotes exigían a los pobres.
  3. Posterior a ésto, los sectores sociales afectados por estas leyes comenzaron las conspiraciones en contra de la administración. En tanto, el presidente Benito Juárez se vio obligado a trasladar su gobierno a varias ciudades del país.
  4. Fue en Veracruz en 1859, donde expidió las siguientes leyes de reforma: Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, la ley del Matrimonio Civil, de Registro Civil, de Secularización de Cementerios, de Días Festivos y de Libertad de Cultos.

Dichas leyes, significaron en México cambios estructurales importantes y fueron proclamadas un día como hoy de hace 158 años por Juárez, también conocido como el “Benemérito de las Américas”.

La conferencia del ABC y Estados Unidos: 5 de agosto de 1915

Luis Fernando Meneses

Luego de consolidarse como una nación a partir de 1880, Argentina comenzó a tener una fuerte presencia diplomática en el continente americano. Con dicha influencia, se manifestaba en contra de las agresiones en contra de cualquier país del continente americano, lo cual a la larga, llevó a dicho país a entenderse con sus dos principales vecinos: Brasil y Chile.

Estos tres países, decidieron formar una alianza llamada “Potencias ABC”, por las iniciales de éstos, para defender a los integrantes de América de agresiones por parte de otros países. Esta unión tuvo una gran importancia en la conferencia que tuvo lugar en Washington con el secretario de Estado americano John R. Silliman, para tratar la paz en México.

Además de las “Potencias ABC” y los Estados Unidos, acudieron a esta reunión representantes de Bolivia, Guatemala y Uruguay. En conjunto, trataron asuntos sobre la crisis desatada en México con el enfrentamiento de varias fracciones, que amenazaban con expandirse por todo el continente, luego de que marines estadounidenses ocuparan el puerto de Veracruz.

La conferencia de inauguración tuvo lugar el 5 de agosto de 1915, hace 103 años, en Washington, con el objetivo de ayudar a la población de México a restaurar la paz dentro de su territorio y además ayudar a poner los cimientos de un gobierno fuerte y honesto.

Sin embargo, a poco más de un mes de esta conferencia, Venustiano Carranza dirigió una carta al secretario John R. Silliman y a los representantes del ABC, en las cuales declaraba no consentir que los asuntos internos de México fueran tratados por gobiernos extranjeros.

Pero además, en el documento hacía una invitación para los asistentes en aquella conferencia, para acudir a una conferencia en el territorio nacional con el fin de atender asuntos de México, pero desde el punto de vista internacional únicamente. Tras esto, los objetivos de la conferencia no se cumplieron.

De esta forma, México hacía cabal su derecho a la autonomía como nación independiente, sin intervencionismo por parte de otros países para tratar asuntos internos de la República.