A 46 años de la masacre de Múnich

Luis Fernando Meneses

Es común que durante eventos deportivos de gran magnitud como el Mundial de futbol o los Juegos Olímpicos, las sedes organizadoras procuren una máxima seguridad antes, durante e incluso después del tiempo de competencias, sin embargo, no siempre fue así.

El 5 de septiembre de 1972, durante las Olimpiadas de Múnich, ocho terroristas palestinos ingresaron a la villa olímpica cargados con armas de fuego y granadas para tomar como rehenes y posteriormente asesinar a 11 de los atletas que conformaban la delegación de Israel en la competencia deportiva.

Los hechos ocurrieron alrededor de las 4 de la madrugada, cuando los extremistas de la facción palestina Septiembre Negro ingresaron a las instalaciones donde descansaban los atletas. Alemania, tras el término de la Segunda Guerra Mundial, intentaba dar al mundo una cara de armonía, amistad y paz, por lo que no preparó un gran dispositivo de seguridad para el evento.

El primer asesinado fue Moshé Weinberg, entrenador de lucha libre, mientras que 11 miembros más de la delegación fueron tomados como rehenes y más tarde fueron asesinados 10 tras un intento fallido de la policía alemana de rescatarlos en el aeropuerto de Frankfurt.

Los atletas que murieron a manos de los miembros de Septiembre Negro fueron: Eliezer Halfin Mark Slavin, David Berger, Zeev Friedman, Amitzur Shapira, André Spitzer, Kehat Shur, Jacobo Springer, Yosef Gottenfreud, Moshé Weingberg y Yosef Romano.

En el CDIJUM, conservamos algunos periódicos que documentaron dicho atentado como el Prensa Israelita del 8 de septiembre de 1972. En la primera plana se encuentra la declaración del Embajador Shlomo Argov (embajador israelí en el Reino Unido) en torno a la masacre y una fotografía de la delegación de Israel en la inauguración de los Juegos Olímpicos acompañada de un pequeño texto.

Sin duda, el recuerdo es esta masacre será recordada en cada justa olímpica como uno de los ataques terroristas más conocidos del siglo XX.