Centro de Documentación e Investigación Judío de México

Adiós a Zygmunt Bauman

Por Diana Marisol Orozco Sánchez

Practicar el arte de la vida, hacer de la propia vida una “obra de arte”, equivale en nuestro mundo moderno líquido a permanecer en un estado de transformación permanente, a redefinirse perpetuamente transformándose (o al menos intentándolo) en alguien distinto del que se ha ido hasta ahora.

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A principios de este año, Zygmunt Bauman falleció en su casa de Leeds (Inglaterra). Sociólogo y filósofo, fue una de las figuras prominentes del siglo XX debido a sus diversas teorías e incluso se le consideraba “padre de la modernidad líquida”.

Hijo de judíos polacos no practicantes, nació en Poznan, Polonia, en 1925; y junto con su familia tuvo que huir de su país debido a la invasión alemana en 1939 y trasladarse a la Unión Soviética donde él se alistó en la división polaca del Ejército Rojo. En 1945 recibió la Cruz del Valor por su heroísmo y regresó a vivir a Polonia, donde se casó con Janina Lewison, escritora y sobreviviente del gueto de Varsovia.

Más adelante, debido a una purga antisemita ocurrida en su país en 1968, la pareja se vio obligada a exiliarse en Tel Aviv, donde él consiguió trabajo en la Universidad de Tel Aviv. En 1972 emigró de nuevo, siempre junto con Janina: esta vez encontró aires más tranquilos en Inglaterra, donde se estableció hasta el final de sus días como jefe del área de sociología de la Universidad de Leeds.

Escritor apasionado

Bauman fue un apasionado de su profesión y escribía varios libros al año en inglés, su tercera lengua. Gracias al ímpetu en su trabajo, fue reconocido con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, con el cual fue honrado en 2010.
Su legado más sobresaliente gira en torno al planteamiento de la “modernidad líquida”, concepto acuñado en su libro del mismo título, publicado en 2000. En esta modernidad líquida, explica, ya nada es sólido: es un tiempo sin certezas. Su principal característica es la fluidez, por lo cual sufre un continuo cambio de forma ante los constantes estímulos. Esta flexibilización afecta distintos aspectos de nuestra vida, pues deja de existir el compromiso. Por lo tanto, ya no hay solidez en el Estado-nación, la familia o el empleo. En sus propias palabras:
“La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”.

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Bauman argumentaba que la capacidad de dialogar está quedando en el olvido. Esto es favorecido por el espíritu de competencia sobre el de colaboración, producto de la inestabilidad en las condiciones de trabajo hoy en día. También criticó la forma en que los avances tecnológicos nos acercan, pero también nos alejan: vivimos una vida online tras una pantalla, en la que nos volvemos herméticos, y otra vida offline: el mundo real.

Aportes

Otro de sus aportes fue atribuir a la “modernidad líquida” el que vivamos en estado de temor. La causa, explica, es que la sociedad liquida de consumidores, acostumbrada a un cambio constante, menosprecia las duraciones largas, creyendo que lo nuevo devaluará lo existente. El miedo dentro de esta “modernidad líquida” es comercializable: la competencia en los mercados provoca desconfianza, falta de solidaridad y, por lo tanto, una sensación de vulnerabilidad que, llevada al extremo, deriva en paranoia de una posible agresión, o bien, a la xenofobia, pues se llega a pensar que el extranjero es el causante de la miseria. Ante esto algunas veces se idean formas de protección como el exterminio o el amurallamiento. Lamentablemente en la actualidad, no estamos muy lejos de ello.

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Bauman murió a los 91 años de edad. Todavía estaba trabajando activamente en un nuevo libro, Retropia, que fue publicado en inglés poco después de su fallecimiento.

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